Colegio de Niñas de Oaxaca, Oaxaca. II parte

En 1646 el ilustrísimo Bartolomé Benavente (obispo de Oaxaca de 1639-52), acusó al tesorero de bienes de difuntos de malversación de fondos responsabilizándolo por “la perdida de la hacienda del Colegio”. El obispo mandó a los inquilinos censuarios que no diesen dinero a Rendón y conminolo a que en el término de veinticuatro horas entregase al licenciado Alonso Jiménez y Alonso Carriaga, regidores de la ciudad de Antequera, “todos los papeles, escrituras y recaudos del colegio” so pena de excomunión mayor. A este citatorio añadió otro, al día siguiente, mandándole dar cuentas de los bienes en el término de dos horas y finalmente como Rendón no las tuviese arregladas, volvió a conminarlo un tercer día y como tampoco lo obedeciese “lo mando fijar en la tablilla por excomulgado,” removiéndolo del puesto de tesorero de bienes de difuntos.

Antonio Rendón inició un escandaloso pleito contra el obispo, pues alegaba primeramente que éste no podía removerlo, porque él no era quien lo había nombrado y en segundo lugar que la razón de removerlo era nula, pues no sólo no había dilapidado los bienes, antes los había acrecentado y realizado la erección del colegio, supliendo lo que faltaba con sus propios bienes.

El pleito duró cinco años; se peleó en los obispados de Oaxaca en donde se perdió, pasó en segunda instancia al obispado de Puebla y luego a México. Las sentencias de 1651 fueron favorables a Rendón, pero no para el colegio, cuya labor quedó paralizada por ello y por la muerte del obispo que ocurriría meses después. Pasaron más de treinta años antes de que el esfuerzo inicial volviera a tomar impulso. Era entonces obispo de Antequera el ilustrísimo señor Sariñana (obispo de 1686-1696) quien se propuso aumentar el caudal primitivo, dando  $ 6,000.00. Acudió después al benefactor de la ciudad, Fernández  Fiallo, quien 14 dio $ 11,000.00 con lo cual se hizo ya posible el funcionamiento del colegio.

Todos los historiadores de Oaxaca están acordes en que el Colegio de Niñas empezó a funcionar en tiempos del señor Sariñana. Hay una confusión en Gay, pues dice que el edificio del Colegio lo hicieron los sucesores del señor Sariñana o sea después de 1696 y relata los hechos de 1646 como posteriores. Esto es evidentemente un error, que nos confirma el hecho de que el propio Gay confiese que oyó hablar del documento existente en poder del señor Agreda, pero que no lo llegó a ver;  de aquí el que no habiendo visto las fechas las confunda. No conocemos las edificaciones o reformas posteriores del edificio. A partir de la segunda mitad del siglo XVII encontramos ya constantes menciones a su existencia, como institución educativa.

El 22 de agosto de 1696 sufrió Oaxaca un fuerte terremoto que hizo venir por tierra numerosos edificios entre estos el convento de los franciscanos. El obispo, viendo que el problema de habitación de los frailes duraría largo tiempo, ordenó que las niñas del colegio pasasen a vivir al convento de la Concepción en donde su institución educativa seguiría funcionando, en tanto que los frailes ocupaban el edificio del colegio que no había sufrido deterioro alguno. Allí permanecieron las educandas hasta que los frailes desalojaron su edificio.

La conservación y dirección del colegio estuvo siempre a cargo del episcopado oaxaqueño. Hacia 1702-1728 el ilustrísimo doctor fray Ángel de Maldonado O. S. B. queriendo dar más firmeza a la institución y al mismo tiempo hacer su educación más efectiva, hizo las reglas de gobierno para el “Colegio de niñas doncellas.” Pocos años después (1730-1736) el ilustrísimo fray Francisco Santiago y Calderón le fincó al Colegio de Niñas un capital de $ 6,000.00 para alimentos y educación. Y ya realizada nuestra independencia el ilustrísimo señor doctor Antonio Mantecón abañes daba mensualmente cierta ayuda económica para las niñas.

La educación que se impartió en este colegio fue semejante a la de todos los de sus tipos existentes en la Nueva España. Se trata de instituciones dedicadas a la formación integral de la mujer. Por esto fueron en primer lugar internados, en los cuales se recibían solamente niñas y doncellas. La educación comprendía dos aspectos: la formación religiosa y moral y la preparación de las mujeres para el fin que se deseaba alcanzar en aquellos tiempos. Aprenden por tanto la doctrina, el dogma católico y una forma de vida de tipo conventual de gran austeridad que les permitirá después vivir en perfecta adecuación con las costumbres españolas de entonces. Por esto, el colegio tenía altas bardas, pues las niñas no debían estar en contacto alguno con el mundo. La comunicación con él se hacía mediante los tornos y a través de las rejas.

Las niñas tuvieron por aulas lo que entonces se llamaba sala de labor. Allí aprendían a leer, a escribir, las cuatro reglas fundamentales de la aritmética, lo mismo que a coser, a bordar y hacer infinidad de labores de manos, que después al casarse se convertiría en las innumerables artes menores que engalanaban los hogares de antaño. La cocina y repostería fueron también parte de la preparación de aquellas doncellas que trasmitieron a través de los hogares o conventos, a donde ingresaban, esa expresión de la cultura que es el arte culinario.

Las maestras fueron siempre mujeres casadas, viudas o solteras, nunca monjas. Los escritores de Oaxaca al referirse a él lo hacen siempre con respeto y admiración. Ello nos hace pensar en la aceptación que tuvo esta institución en sus dos siglos de existencia.

Mientras Juárez fue gobernador de Oaxaca, la vida del colegio continuó tranquila, más todavía debido al hecho de que en aquel tiempo las autoridades eclesiásticas, al igual que el propio gobernador, tenían un especial interés en el desarrollo intensivo de la educación en el estado. Sin embargo, pocos años después problemas  político-económico-religiosos hicieron surgir las Leyes de Reforma y con ellas la Ley de desamortización de bienes. Esta ley privó al colegio de sus bienes, a pesar de ser una institución de laicos (maestras) y para laicos (niñas). Pues su relación en cuanto a dirección con el obispado y el hecho de ser sus bienes corporativos, hizo que se le aplicase en todo rigor. Sin embargo, otro oaxaqueño, el general Porfirio Díaz, volvió a de 19 dicar el edificio a la educación de las jóvenes, poniéndolo a cargo del estado. La iglesia no funciono más, el edificio dejó de ser albergue del Colegio de Niñas y se convirtió simplemente en escuela oficial bajo el título de Academia de Niñas.

Finalmente añadiremos que ya siendo México independiente se hizo un es fuerzo por mejorar la educación de las niñas de la capital del flamante estado oaxaqueño. Lo realizo doña María Blasa Vale de Cervino fundando un colegio de niñas en el que pretendió incluir nuevas materias de enseñanza, y aunque su intento sólo se refirió a novedades en las labores manuales, por ejemplo: trabajos en cera, tintorería, confección de animales de tela, etcétera, nos hace pensar que se empezaba ya a sentir la necesidad de renovar la educación femenina.

-Recuerdos Históricos del Episcopado Oaxaqueño.  Juan López de Zarate, primer diocesado, hasta el último, señor doctor don Vicente Fermín Mávaez y Carrizosa. Oaxaca. Imprenta de Lorenzo San Germán, primera calle de Ar- menta López núm. 1, 888.

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